Publicado: El domingo 28 mayo 2017, a las 19:39
Visto en: Hipertextual
Cuando Stephen King se plagió a sí mismo en un episodio de ‘The X-Files’

Pocas concurrencias hay tan emocionantes para cualquier cinéfilo apasionado y devorador de libros que aquella que une, por ejemplo, a uno de sus escritores más admirados con una de las series televisivas que ocupa uno de los huecos más importantes de su memoria emocional como espectador cinematográfico. Y esto es precisamente lo que nos llenó de alegría a algunos cuando supimos que el célebre novelista Stephen King iba a aportar en 1998 un guion para un episodio de la quinta temporada de The X-Files, la maravillosa serie creada por Chris Carter que lleva aportando intriga sobre fenómenos paranormales a la pequeña y la gran pantalla desde 1993.

Parecía una estupenda idea mezclar su idiosincrasia con la de la criatura de Carter, de lo más lógica como mínimo, y fue el propio King quien expresó su deseo de participar con una de sus terroríficas historias a modo de caso investigado por Fox Mulder y Dana Scully, los dos famosos agentes del FBI protagonistas a los que interpretan David Duchovny y Gillian Anderson. Primero lo habló con Duchovny y, luego, con Carter, y se puso manos a la obra, pero al segundo no le gustaron nada los borradores que el novelista le hizo llegar desde Maine: “Stephen no estaba acostumbrado a escribir para Mulder y Scully”, contó Carter más tarde. “No funcionó”.

Cuando Stephen King se plagió a sí mismo en un episodio de ‘The X-Files’
Fox

Así que fue tarea suya reescribirlo casi en su totalidad; y el director Kim Manners declararía también: “Yo estaba muy emocionado de poder dirigir una pieza de Stephen King, y cuando todo estaba dicho y hecho, había quedado muy poco de Stephen King en ella. Las tuercas y los tornillos eran suyos, pero realmente era uno de los guiones de Chris”. No hay duda de que las divertidas interacciones telefónicas de “Chinga” (5x10) entre Mulder y Scully, que intercambian sus papeles de creyente y escéptica como en algunas otras ocasiones, son obra de Carter, igual que el detallazo de los lapiceros que un aburrido Mulder clava en el techo de su despacho en la sede del FBI, mientras a Scully se le malogran las vacaciones en Maine, uno de los más recordados de la serie.

La crítica recibió el episodio, titulado “Bughoney” en los países donde el título original es malsonante, con diversidad de opiniones, que iban desde las que lo consideraban algo torpe, decepcionante e incluso pésimo hasta las que lo veían como uno de los mejores de la serie. Las tuercas y los tornillos a los que se refería Manners son su trama sobrenatural, acerca de las sucesivas heridas autoinfligidas y los suicidios en un pueblo costero de Nueva Inglaterra, en el estado de Maine, el natal de King, donde reside y ambienta la mayoría de sus narraciones. Y las particularidades de lo que origina la violencia no puede menos que traer a la memoria otro relato del escritor, cuyos pormenores esenciales no es que sean parecidos, sino que en verdad constituyen un autoplagio en toda regla.

Cuando Stephen King se plagió a sí mismo en un episodio de ‘The X-Files’
Fox

“El mono” es un cuento que King publicó en la revista Gallery en 1980. Fue adaptado al cine de serie B por Kenneth J. Berton en 1984 con el nombre de The Devil’s Gift, y publicado de nuevo en la breve recopilación de Skeleton Crew en 1985, que en castellano se llama como la novela con la que da comienzo, La niebla. Sus notas explican que lo redactó a mano casi al completo en una habitación de un hotel neoyorkino, tras toparse con un mantero en la esquina de la Quinta Avenida con la calle Cuarenta y cuatro, y horrorizarse al ver los monos con mecanismo de cuerda que vendía, los cuales hacían reverencias muy sonrientes y tocaban los címbalos.

En este cuento inquietante, un marino mercante trae de ultramar uno de esos monos de juguete como regalo para sus hijos, Hal y Bill Shelburn, antes de desaparecer y ser dado por muerto, presumiblemente a causa de la maldición que encierra el simio; y en “Chinga”, un pescador llamado Rich Turner (Dean Wray) encuentra en el mar una muñeca parlante embrujada, que decide regalar sin saberlo a su hija Polly (Jenny-Lynn Hutcheson) antes de que el engendro acabe con él en su barco. El dichoso mono asesina a la gente que se le antoja cuando se pone en marcha su mecanismo, sin necesidad de que nadie le dé cuerda, entrechoca sus címbalos temibles y las personas mueren de inmediato en diversas circunstancias; y el mecanismo de la muñeca, por su parte, se pone en funcionamiento, dice alguna de sus dos únicas frases y provoca la muerte por suicidio de una víctima escogida cada vez.

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Un adulto Hal Shelburn se propone librarse del mono y proteger a su familia de él, sobre todo a su pequeño hijo Petey; y Melissa Turner (Susannah Hoffmann) se las ve y se las desea para terminar de alguna forma con el influjo de la muñeca en su hija y desembarazarse de ella, para lo que acaba siendo esencial la ayuda de la agente Scully. Y para rematar, en el desenlace del cuento, Hal prevé la posibilidad de que un padre y un hijo de pesca recuperen al condenado mono del fondo del lago en el que lo ha hundido y su vorágine homicida resurja; y en el acostumbrado cierre abierto del episodio de The X-Files, otro pescador saca de nuevo a la muñeca del mar tal como había hecho Rich Turner, por lo que esta encuentra así a nuevas víctimas de su embrujo asesino.

De modo que, si Stephen King no se mostró muy lúcido en los borradores que escribió de “Chinga” o “Bughoney”, al menos en opinión de Chris Carter, además ni tan siquiera su historia era original en su propia narrativa. “El mono”, sin embargo, no está nada mal como cuento de terror. Y la duda que persiste y que quizá nunca sea despejada es si el novelista era consciente de estar plagiándose a sí mismo con su frustrado libreto para The X-Files.