Publicado: El sábado 13 mayo 2017, a las 21:06
Visto en: Abc
Wearables para prevenir problemas del corazón

Los sensores y pulsómetros incluídos en los dispositivos electrónicos modernos como el Apple Watch o las pulseras de monitorización de marcas como Fitbit pueden contribuir a detectar problemas cardiacos, según un estudio de la Universidad de California. Los expertos aplauden su uso pero instan a la supervisión médica

Tecnología para salvaguardar a los corazones. En 2015 fallecieron en España unas 422.568 personas. Las enfermedades cardiovasculares y del sistema circulatorio siguen siendo las principales causas de mortalidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística, con un tasa de 267 fallecidos por cada 100.000 habitantes. Los programas de salud son claves en la prevención. Un escenario que se ha visto reforzado con la llegada de dispositivos electrónicos modernos que incluyen diferentes sensores, entre ellos, uno dedicado a recopilar el ritmo cardiaco de sus propietarios.

Estos datos, analizados y procesados, pueden ser un aspecto clave en esa prevención que desde el mundo sanitario se reclama a los pacientes. Socio o aliado, los llamados «wearables» -ponibles, en español- pueden ser instrumentos para tener nociones fácilmente consultables a la hora de evitar un infarto. La pregunta es clara: ¿Pueden los Apple Watch o algunas pulseras de la marca Fitbit ayudar a diagnosticar una posible enfermedad del corazón? Según un estudio elaborado entre expertos de la Universidad de California (EE.UU.) y la empresa desarrolladora de aplicaciones Cardiogram, sí es posible.

Los investigadores creen que los sensores incorporados en algunos de estos modelos de dispositivos son tan precisos que pueden diferenciar entre un ritmo cardiaco normal y situaciones de fibrilación auricular, la arritmia cardiaca más frecuente en la práctica clínica y difícil de diagnosticar en muchos casos. Para la elaboración del informe los expertos analizaron exhaustivamente los datos estadísticos recopilados entre unos 6.158 personas.

La precisión a la hora de detectar una fibrilación auricular, reza el estudio, es del 97% de los casos. Así que ya se sabe: más vale prevenir que curar. Pese a que los resultados son prometedores, los expertos insisten en que no es recomendable confiar totalmente en estos dispositivos «wearables» o aplicaciones para diagnosticar el estado de salud. Pero estos sistemas, según expertos consultados, requieren de supervisión médica, máxime a que estos dispositivos no han sido aceptados siquiera por los reguladores como aparatos médicos.

Los avances tecnológicos llevan mucho tiempo tocando a la puerta de los hospitales, pero en los últimos años se ha observado cómo aparatos provenientes del mundo del consumo empiezan a ser concebidas como herramientas para la salud. Para el Instituto ECRI, organización que analiza tendencias y medidas para mejorar la atención al paciente, los «wearables» son aparatos que revolucionarán la salud.

«Todo ayuda y todo suma. Todo lo que sea tener dispositivos para controlar los parámetros vitales es una buena noticia. Y la tecnoloogía acutal está contribuyendo de una manera decisiva para que los afectados tengan nociones os para controlar su aspecto vital», señala a ABC José Luis Palma Gámiz, cardiólogo y vicepresidente de la Fundación Española del Corazón, quien recuerda que a lo largo de su trayetoria profesional ha trabajado con otros dispositivos electrónicos médicos. «Es muy positivo y aplaudimos que la industria de la ingeniera y tecnología trabaje para aportar unos instrumentos con los cuales los pacientes que están preocupados por su salud puedan servirse de ellos».

Sin embargo, apunta que lo importante es que estos equipos estén bien calibrados, pero «aunque no estén bien califibrados pueden ir orientando al médico y al paciente» algunos aspectos como la presión arterial o niveles de glucosa. «Estamos encantado que los pacientes, preocupados por su salud, dispongan de estos dispositivos e infomren a sus médicos», apunta.

Dudas sobre la medida de los 10.000 pasos

En los últimos años la industria de la tecnología ha intentado erigirse como benefactores del bienestar. Apoyada por autoridades sanitarias y estudios de hábitos de consumo, se ha fijado en 10.000 pasos la distancia mínima para conservar una salud de hierro. Para estar sanos. Para estar en forma. Para fomentar una vida saludable. De ahí que, normalmente, la mayoría de pulseras de monitorización y dispositivos de muñeca marquen esa meta a alcanzar por la persona. Esas son sus recomendaciones, no siempre cumplidas por los usuarios de estos aparatitos de marras que han inundado las tiendas en los últimos años.

Un número mágico (¿o una meta psicológica?) que ha tratado de impulsar a los ciudadanos la sana costumbre de andar en una época, la que nos ha tocado vivir, en la que la vida sedentaria y estar postrado ocho horas en una silla delante de un ordenador ha condenado a muchas personas a faltar a su deseo de hacer deporte. Menos da una piedra, porque al final lo que importa es moverse que para eso los seres humanos han aprendido a caminar.

La franja de los 10.000 pasos viene originaria de un concepto explorado con motivo de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Se desarrolló el programa bautizado como «mampo-kei» que establecía ya esta regla aceptada por la sociedad. El reto, entonces, fue motivar a la población. Cinco décadas después esa filosofía se mantiene o se replica gracias a las nuevas tecnologías. Pero estos aparatos despiertan muchas dudas al respecto, más que nada por el tiempo transcurrido hasta la fecha para poner en práctica un producto innovador. La Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones sobre salud, establece que los adultos entre 18 y 65 años deberían practicar unos 300 minutos por semana a actividades físicas moderadas aeróbicas, equivalente a 150 minutos semanales en modo intenso.

Pese a formar parte del entramado actual, han aparecido críticas sobre sus verdaderos resultados. Greg Hager, profesor de ciencias de computación en la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.), es de esa misma cuerda. Cree que esta tecnología de monitoreo podría estar haciendo «más daño que bueno» porque la redonda medida de los diez mil pasos es simbólica y está obsoleta porque se estableció así, según lo manifestó durante la última reunión anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia celebrada en Boston, en función de un perfil medio de un ciudadano japonés en los años sesenta.