Publicado: El domingo 26 marzo 2017, a las 14:41
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La atribución errónea de textos y declaraciones no es en absoluto un fenómeno reciente, de la era de las redes sociales, y por lo general, no esconde ningún tipo de pretensión deshonesta de aquellos que las iniciaron ni de quienes contribuyen desde entonces a su propagación. Pero hay casos en los que algunos individuos han querido aprovecharse del respeto que se tiene por determinadas personas, ganado con esfuerzo, para legitimar sus propias mediocridades. Y, si bien el rey de la falsedad en frases atribuidas es el científico Albert Einstein, probablemente por la gran reputación que le otorgan su inteligencia y sus aportaciones, muchos otros han sufrido la misma lacra.

Por ejemplo, el filósofo griego Sócrates (c. 470-399 a. e. c.) ni dejó nada escrito ni pronunció nunca estas palabras: “Conócete a ti mismo”, sino que es lo que podía leerse en el pronaos del templo dedicado a Apolo en Delfos. Ni su discípulo Platón (c. 427-347 a. e. c.) tuvo la elocuencia para señalar que “sólo los muertos han visto el final de la guerra”, sino en 1922 el escritor español George Santayana en las páginas de Soliloquios en Inglaterra y soliloquios posteriores. Y al diplomático florentino Niccolò Machiavelli (1469-1527) de ninguna manera se le ocurrió afirmar en El príncipe, su ensayo de 1513, que “el fin justifica los medios”. Lo más parecido a ello, pero sin el sentido de justificación, puede encontrarse en: “Al valorar una acción, uno debe considerar siempre los resultados finales”, o en el tercer volumen de su Historia de Florencia, publicada entre 1520 y 1525: “Aquellos que triunfan nunca resultarán avergonzados por el modo en que hayan triunfado”.

Miguel de Cervantes - DePunoyLetra.com

En el Quijote, del celebérrimo escritor español Miguel de Cervantes (1547-1616), no se puede leer: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”, lo que en verdad procede, sin mencionar al rechoncho escudero, de un poema del alemán Johann Wolfgang von Goethe titulado “Labrador” y escrito en 1808: “Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos”; ni: “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, que en realidad proviene del Romancero del Cid, colección poética anónima de los siglo XV y XVI: “Cosas tenedes, el Cid, / que farán fablar las piedras”; ni siquiera: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho” en el sentido de cómo dicha institución entorpece el progreso, sino: “Con la iglesia hemos dado”, el edificio, mientras los protagonisas buscaban un palacio en el Toboso; ni: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.

Pero lo que desde luego no salió por la pluma de Cervantes fue el siguiente texto, compartido en Facebook y en Twitter hasta el hartazgo, tan pueril que uno ve incomprensible que alguien sea capaz de creer que es, ya no solamente de este literato, sino de alguno de renombre, y que hasta hay que ponerse bizco para recitarlo con propiedad: “Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté”. ¡Paulo Coelho, sal de este cuerpo!

El grandísimo filósofo ilustrado François-Marie Arouet, archiconocido como Voltaire (1694-1778), jamás expresó lo que sigue: “No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”, una maravilla que, por el contrario, salió de la mente de la británica Evelyn Beatrice Hall precisamente para su obra de teatro The Friends of Voltaire, de 1906. Y el político estadounidense Benjamin Franklin (1706-1790) no ideó lo que luego se convirtió en refrán: “En el mundo lo único que hay de cierto son la muerte y los impuestos”, sino el inglés Christopher Bullock.

Mark Twain - HuffingtonPost.com

Una de las atribuciones incorrectas más asentadas es para el presidente yanqui Abraham Lincoln (1809-1865): “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”, algo que no hay forma de demostrar que dijera alguna vez. Y jamás afirmó el científico británico Charles Darwin (1809-1882) que “las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor a los cambios”, pese a que esto sea coherente con sus tesis.

De ningún modo describió el economista alemán Karl Marx (1818-1883) algo tan de actualidad como esto: “Los dueños del capital estimularán la clase trabajadora a comprar cada vez más bienes costosos, casas y tecnología, llevándoles a pedir créditos cada vez más caros, hasta que su deuda sea insostenible. El impago llevará a la quiebra de los bancos, que tendrán que ser nacionalizados, y el Estado deberá tomar un camino que llevará al comunismo”. Y Tampoco es responsabilidad del ácido escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) algo tan impropio para él como esto: “Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”, ni montones de otras frases que se le atribuyen.

Ni de su colega inglés Oscar Wilde (1854-1900) lo siguiente: “Sé tú mismo; los demás puestos están ocupados”. Ni del líder político indio Mahatma Gandhi (1869-1948) este consejo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, si bien había expresado ideas no muy distintas, como: “Si pudiéramos cambiarnos a nosotros mismos, las tendencias del mundo también cambiarían. Cuando un hombre cambia su propia naturaleza, también lo hace la actitud del mundo… No necesitamos esperar a ver qué hacen los demás”. Y el primer ministro británico Winston Churchill (1874-1965) jamás dijo: “Si no eres liberal a los veinticinco años, no tienes corazón. Si no eres conservador a los treinta y cinco, no tienes cerebro”, ni: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con la excepción de todos los demás”, que se inspira en lo escrito por el novelista Robert Briffault, compatriota suyo.

Jorge Luis Borges - ElMalpensante.com

El alemán Bertolt Brecht (1898-1956) no es autor, sino el reverendo holandés Martin Niemöller, de un poema de 1945 tan necesario como este: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, / guardé silencio, / porque yo no era comunista. / Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, / guardé silencio, / porque yo no era socialdemócrata. / Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, / no protesté, / porque yo no era sindicalista. / Cuando vinieron a llevarse a los judíos, / no protesté, / porque yo no era judío. / Cuando vinieron a buscarme, / no había nadie más que pudiera protestar”.

De entre todas las frases pedorras que tiene que soportar el nombre del literato argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), sirva esta horrenda cursilería de muestra: “Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad”. Del novelista británico William Golding (1911-1993) es esta frase: “Creo que las mujeres están locas si pretenden ser iguales a los hombres. Son bastante superiores y siempre lo han sido”, pero no este añadido repulsivo por rancio: “Cualquier cosa que des a una mujer, ella lo hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará una comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des. Si le das basura, ¡prepárate a recibir toneladas de mierda!”

Espuria es la anécdota en que se cuenta que el escrito español Camilo José Cela (1916-2002) replicó que “no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”. Y una de las falsas atribuciones más indignantes que uno se pueda echar a la cara, por pedestre y porque se da de cabeza contra el pensamiento del pretendido autor, es la de “la definición de hijo” del escritor portugués José Saramago (1922-2010), ateo para más señas, con la que aún nos topamos por la red y que empieza así: “Hijo es un ser que Dios nos prestó para un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos”, y termina asá: “Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

José Saramago - HabanaElegante.com

Aunque se ha creído mayormente que eran palabras de la actriz Marilyn Monroe (1926-1962), la frase: “Las mujeres educadas raramente hacen historia” también se la han encasquetado a Ana Bolena, Eleanor Roosevelt, Margaret Thatcher, Hillary Clinton o Meryl Streep, siendo en realidad de un ensayo de la estadounidense Laurel Thatcher Ulrich. Tampoco pertenece a Monroe la sugestiva: “Hollywood es un lugar donde te pagarán mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma”, ni la vacía: “Dale a una mujer un buen par de zapatos y ella puede conquistar el mundo”, que se sacó del caletre otra actriz, Bette Midler.

El ateo Gabriel García Márquez (1927-2014), enfermo de cáncer, negó en 1997 haber escrito una abominable carta de despedida que comienza con la siguiente frase: “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera”, y que continúa con perlas como: “Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón”. Por supuesto, Gabo la calificó de ridícula y se vio obligado a decir una obviedad como que él no escribe las vulgaridades pastelosas del juntaletras que la compuso. Pese a ello, continúa circulando por las redes sociales como si tal cosa.

“Prefiero morir de pie a vivir de rodillas” se suele colocar sobre todo junto al nombre del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara (1928-1967), si bien también a veces junto al del revolucionario mexicano Emiliano Zapata. Pero parece que fue cosa de la política española Dolores Ibárruri, la Pasionaria, en un discurso de 1936, durante Guerra Civil, y lo dijo así: “… el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas”.

Gabriel García Márquez - ElCultural.com

Ni por la boca del activista estadounidense Martin Luther King (1929-1968) salió nunca: “Lamento la pérdida de miles de vidas preciosas pero jamás me alegraré de la pérdida de una, aunque sea la de un enemigo”. Si bien podría haber salido sin problemas, fue escrita por la profesora Jessica Dovey en su muro de Facebook junto a una cita real de King cuando se cargaron a Osama Bin Laden. Y el implacable humorista estadounidense George Carlin (1937-2008) nos brindó multitud de jugosas declaraciones en sus monólogos sobre los escenarios, pero entre ellas no se encuentra esta: “Luchar por la paz es como follar en nombre de la virginidad”, con la que se protestaba por la Guerra de Vietnam en su momento.

Visto lo visto, mostrarse cuidadosos a la hora de compartir frases y textos que encontramos por ahí, no sea que nos cuelen algún engendro como algunos de los anteriores, resulta por completo necesario para nuestra salud intelectual. Aunque sólo sea por no satisfacer a los que tratan de tomarle el pelo a la gente, utilizando de manera torticera el respeto que se le debe a personas valiosas, para difundir sus filosofías de baratillo, de una profundidad similar a la de un bidé y tan inútiles como los libros de autoayuda, de las que parecen sacadas: por tales características las reconoceréis.