Publicado: El domingo 26 marzo 2017, a las 14:25
Visto en: Abc
«Lego Worlds»: un viaje espacial a lo Minecraft a través de los bloques

El videojuego toma elementos del célebre título de Mojang para llevar a terreno propio una fórmula que representa un pequeño giro a una fórmula divertida pero que da signos de agotamiento

La palpable influencia de un juego de corte independiente que ha agitado el mundo del ocio electrónico en los últimos tiempos continúa. Hablamos de «Minecraft», ese indudable título que ha marcado un punto de inflexión en la industria. La serie Lego, divertida como ella sola, ha demostrado que su fórmula necesita renovarse. Adaptar al mundo de las piezas y bloques aventuras como Los Vengadores, Batman, Harry Potter o Star Wars puede atraer un tiempo. Pero «Lego Worlds» representa un soplo de aire fresco a su trayectoria. Gracias a apoyarse en la imaginación rompe algunos elementos comunes de la saga, para bien y para mal.

Partimos de un universo abierto a muchas posibilidades. El jugador, en su rol como explorador espacial, dispone de una serie de herramientas (paisaje, descubrir, copiar, pintar) con los que moldear, modificar, alterar y construir a su antojo infinidad de edificios, objetos. El límite es la imaginación, puesto que no se dará la misma partida para dos jugadores distintos. En ese sentido, las libertades que permite llevan a explorar y a dedicar tiempo en el uso de los bloques de juguetes mientras sigue descubriendo lugares y planetas, distintos entre ellos, y a bordo de un simpático cohete espacial.

La narración juega un papel importante. A modo de pistas y sugerencias se van dando pistas y dirigiendo al jugador en esa búsqueda de lo inimaginable. Y la fórmula funciona. Más que nada porque la fusión de Lego y Minecraft se mueve como pez en el agua. Es muy natural. Se pueden construir múltiples objetos. Partimos de un objetivo principal, ser un maestro constructor. Y, para ello, además de completar algunas misiones propias se da pie a jugar con la imaginación de cada uno.

Es posible, en efecto, construir desde cero un edificio, aunque esta tarea está algo mal resuelta, puesto que hay que sostenerse en el tiempo y la dedicación para ir colocando pieza por pieza, lo que puede llegar a desesperar en alguna ocasión. Encajar y, sobre todo, eliminar algunas piezas es una habilidad que se mueve entre la inconsistencia y la búsqueda del truquillo. En los entornos por donde se pasea el jugador también se pueden encontrar objetos coleccionables y abrir cofres de secretos que desvelan unos ladrillos amarillos, en ocasiones indispensables si se quiere continuar con la exploración, y los cuales se encuentran en diferentes sitios, muchos en sitios poco previsibles.

Pero, en líneas generales, el juego se centra en la imaginación. Es decir, se está para inventar, y lo que vienen siendo horas de juego no le faltan, aunque si bien es cierto que los elementos y objetos a recolectar son demasiado prescindibles. Afecta la climatología, dinámica y cambiante, por lo que al igual que otros juegos que hacen uso de esta interesante característica, el jugador cuando se encuentra bajo la noche más oscura pueden surgir personajes y seres hostiles que, efectivamente, pueden ser un peligro.

Pero, a diferencia de su inspiración, este no es un juego de supervivencia puesto que su arco argumental se abre al espacio y se lleva al terreno de la exploración. Afortunadamente, la propuesta incluye la posibilidad de transportarse a bordo de diferentes vehículos terrestres o, incluso, bucear dentro del mar, en donde se pueden hallar nuevos y sorprendentes materiales y objetos. El juego contempla numerosos parecidos con «Minecraft», que no es mala cosa, pero da la sensación de estar permanentemente en contacto con esa filosofía. A nivel gráfico, y salvo algunos pequeños «bugs» detectados, sigue los pasos de anteriores entregas de la saga y conservando, en parte, su característico puntos de humor.

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