Publicado: El viernes 10 febrero 2017, a las 22:27
Visto en: Abc
«Dead Rising 4»: soliloquio de brutalidad

La nueva entrega del videojuego ahonda en la libertad de movimiento y la exploración, introduce armas más poderosas, aunque presenta altibajos que pueden enturbiar la experiencia

El legendario Frank West está de vuelta. De vuelta de todo, vaya. Porque tras los sucesos acaecidos en Willamette -una pequeña ciudad de Colorado- que se pusieron de relieve en la primera entrega, «Dead Rising 4» retoma las vivencias de este divertido personaje para mandarlo, en contra de su voluntad, a la boca del lobo.

Y lo hace de buen grado, puesto que en esta nueva aventura que plasma un universo intrínseco de nauseabundas y hostiles manadas de zombies el personaje, fotógrafo profesional, se enfunda todo lo que le pilla por medio para mandar a la tumba a estos seres. Atesorando habilidades para la pegada y la fuerza bruta, el jugador debe a su vez ir conociendo algunos de los secretos que oculta esta nueva epidemia zombie que ha puesto a todos locos de atar.

El juego, disponible para Xbox One y PC, se regodea en el humor negro a través de una narrativa algo confusa y argumentada con una trama muy manida para explicar este tipo de apocalipsis. Pero es una nueva oportunidad para remangarse y disfrutar de esa clásica experiencia de cargarse zombies por doquier. Con un planteamiento continuista, el título expande amplias hordas. Un aspecto controvertido es que ahonda más en la idea de libertad de movimientos, prescindiendo de ese clásico temporizador que anima a los jugadores a completar las misiones en una horquilla de tiempo limitada. Con ello se huye de una de las principales señas de identidad de la franquicia pero gana en exploración, algo cada vez más recurrente en la industria.

Con un armamento rudimentario y sobradamente preparado, el videojugador se encuentra en un panorama generoso en el uso y empleo de artilugios varios, que dan pie según vaya recogiendo a su paso para combinar y fabricar, por tanto, armas más poderosas tales como cañón bazoka, lanzapeces o un bate de béisbol con pinchos (Sí, como el de Negan en «The Walking Dead»), cada cual más extravagante. Se organizan en cuatro ruedas diferentes en función de su categoría (armas cuerpo a cuerpo, de fuego…).

Gracias a esta novedad se pueden añadir muchos más objetos que anteriores entregas. Por cierto, aparecen los exoesqueletos, aunque su uso es más bien limitado, pero consigue que la brutalidad sea mayor. Además, en este juego de estilo «beat em up» se incluye un sistema de reconocimiento de prestigio para desbloquear objetos. Enfundado por otra arma, su cámara, el personaje puede desde escanear el entorno en busca de nuevas pistas con las que avanzar o fotografiar los momentos de mayor calado -incluso hacerse «selfies»-, obteniendo por la realización de estos trabajos generosas monedas.

Cargado de supervivencia y soportado bajo una atmósfera truculenta, la nueva entrega del juego en tercera persona se pasea por la acción frente a algunos zombies, que en este caso, tiene capacidades mejoradas en algunos casos, mejorando su velocidad de ataque.

Decepcionante, sin embargo, es su comportamiento generado por la Inteligencia Artificial de la máquina, que enturbia la experiencia, algo que tampoco contribuye un nivel gráfico menos elevado que lo que cabría esperar para un juego de tales dimensiones, así como la aparición de numerosos «bugs» que afean el espectáculo. «Dead Rising 4» también cuenta con un modo multijugador que funciona de manera independiente a la historia principal, que se juega de manera individual.

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